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El día que estando en Tailandia dí con lo mío y dije que iba a ser escritor, me hice una promesa:

Voy a ser escritor aunque tenga que vender mis libros uno a uno”.

Eso se convirtió en una profecía y cuando salió mi primer libro comencé a venderlo en la calle, la playa o puerta a puerta. No iba a esperar que una editorial o una librería hiciera el trabajo por mí y el hacer algo que no hacía nadie marcó la diferencia.

¿Qué estás dispuesto a hacer para lograr tu sueño?

Nada que merezca la pena se consigue sin esfuerzo y si haces lo que otros no están dispuestos a hacer tienes el éxito asegurado. No esperes que nadie haga nada por ti, no confíes en la suerte, no esperes a que los resultados vengan solos. Toma las riendas de tu destino y céntrate en la acción. Que el miedo o la vergüenza no te paralicen. No importa tanto hacerlo perfecto, hazlo lo mejor que puedas ahora y ya habrá tiempo de ir rectificando por el camino. Decía Gandhi que: “nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa”. Así que haz lo que tengas que hacer, pero haz. Pon toda tu inteligencia y tu ser, pon todo tu corazón e ilusión. Céntrate en dar y ofrecer algo que marque la diferencia y mejore la vida de los demás. Es infinitamente mejor equivocarse que no hacer nada, del error se aprende, la inacción no aporta nada. Si te fijas en la naturaleza verás que todo está en continuo movimiento: las estrellas, los planetas, los continentes, los océanos, los ríos y los seres vivos. Todo se mueve, así que levanta de la silla y… ¡Muévete ya!

Firmando en Zahara de los Atunes