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Os voy a contar el día más importante de mi vida:

Llevo tres meses viajando por el Sudeste Asiático y ya he escrito cien páginas de mi primera novela. Me encanta la sensación de crear algo nuevo, me siento feliz y realizado. Cuando escribo estoy en estado de alerta, es como si tuviera una parabólica encendida… estoy atento a cada estímulo, una frase que escucho, algo que leo, una idea en la siesta. La inspiración llega en cualquier momento y en el lugar menos esperado, así que siempre me acompaña mi libreta. Es algo que me exige intelectualmente y que va a hacer felices a los demás. Cuando lo lean experimentarán emociones y podré transmitir un mensaje a través de mis libros, podré compartir con el mundo todo lo que he aprendido, y así, aportaré algo a la humanidad.

Y un día estando escribiendo en una cabaña en medio de la selva de Laos me digo:

¡Esto es lo mío, a esto voy a dedicar mi vida! Voy a ser escritor.

Había encontrado mi vocación, ya tenía hacia dónde enfocar toda mi energía, mi inteligencia y mi ser.

¿Has tenido ese día?

¿Sabes qué es lo tuyo?

Decía Tagore que: tu trabajo es descubrir tu trabajo y luego dedicarte a él con todo tu corazón. Y para descubrir tu trabajo hay que probar, experimentar con cosas que te gusten y se te den bien. Y cuando des con lo tuyo, lo sabrás, sentirás algo en tu interior que te lo confirmará. Y entonces ya tendrás dónde enfocar tus ilusiones, tu trabajo y tu energía. Tendrás algo por lo que luchar, aprender, investigar, mejorar… algo que te hará levantar cada mañana más pronto y con más energía, algo que se convertirá en el motor de tu vida y harás lo que haga falta para conseguirlo… pero de eso hablaremos en el próximo artículo, de qué estás dispuesto a hacer para lograr tus sueños.