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                                                                                                                  CRISIS EN LA SELVA

 

El león de barba blanca Marianín es el rey de la selva, la cerdita Sorayita , el mandril Montorito y el osito Luisito le ayudan a gobernar a los animales que en ella viven. Todos dicen tener la clave para cambiar los extraños sucesos que desde hace un tiempo están preocupando a las alimañas que allí conviven. Pero de momento solo han actuado con recortes y subidas de impuestos. Y la corrupción les está enriqueciendo mientas los demás son cada día más pobres.

Los animales están cambiando sus hábitos: las hormigas no construyen más hormigueros, hay demasiados construidos y las abejas no prestan más miel para pagarlos. Los lobos no salen a cazar, han subido los impuestos de la licencia de caza y se han hecho vegeterianos. Y lo que pasa con los castores, están en huelga desde que el gobierno no paga a los funcionarios y la presa del río ha sido arrastrada por la corriente quedando sin hogar.

El buitre Alfredito con su prominente calva y la hiena Rosita con su pelaje pajizo ya no se nutren de la carroña, esperan su oportunidad para asaltar el gobierno. Los acechan en la oscuridad y se alegran de sus errores a la espera de que se den el batacazo final.

Miguelito el castor, desahuciado y sin ingresos busca sobras entre la basura.

—¡Un palo, un palo, un palo! —grita al encontrar algo que comer.

Hace días que no se lleva nada a boca. Buscando entre los restos hay conejos, hormigas, serpientes y muchos bichos que han perdido su empleo y su única esperanza de vida es comer desperdicios.

—¡Hay que hacer algo, no podemos seguir así! —se queja Pedrito el conejo que parece una rata por su extrema delgadez.

Miguelito mira a su alrededor y observa a sus patéticos compañeros, todos están desnutridos y desaliñados. La crisis que sufre la selva les está dejando sin dignidad y si nadie hace nada para remediarlo pronto será demasiado tarde…

—¡Escucharme todos! —dice mientras arroja el palo al suelo con rabia—. Somos marionetas en manos de unos aprovechados, ellos viven vistiendo las mejores pieles, comiendo los mejores manjares y viviendo en madrigueras de lujo. Y mientras nosotros tenemos que buscar en la basura si no queremos morir de hambre.

—Tienes razón, es verdad… —dicen la hormiga, el conejo y los demás animales—. Y, ¿qué podemos hacer nosotros?

—¡Tenemos que expulsar del poder al gobierno y volver a recuperar nuestros derechos!

—¡Sííí! —gritan todos emocionados.

—Pero, ¿cómo vamos a vencer a Marianín el león? nos comerá si nos sublevamos —dice Pedrito mientras levanta sus patas.

—Además si expulsamos a Marianín y su séquito, los buitres y las hienas aprovecharan su oportunidad para alzarse con el poder —comenta la hormiga Matilda.

—Tengo un plan para acabar con todos a la vez —dice Miguelito mientras se sube a lo alto de un tronco—. Pero necesitaré vuestra ayuda…

Todos escuchan atentos el plan del castor. Están decididos a ser dueños de su destino y dispuestos a morir si es necesario.

En la madriguera del gobierno se sienten muy tristes, no han sido elegidos para organizar los juegos de bestias 2020, los componentes de la expedición vuelven derrotados y en especial Anita la cotorra. Había pasado muchas tardes preparando su discurso tomando un café con leche in Plaza Mayor y se tira de las plumas desolada. Todas las tardes recibía clases de inglés de Pol el zorro, pero aun así había hecho el ridículo.

Alguien llama a la puerta interrumpiendo la reunión. Es Miguelito el castor que va a dar una noticia:

—La presa que se llevó la corriente ha sido reconstruida, los funcionarios del río hemos trabajado muy duro para acabarla… espero que nos paguen lo que nos deben.

El león Marianín ve en la nueva construcción una oportunidad de oro para marcarse un punto y tener a los habitantes de la selva contentos por un tiempo. Pero no piensa saldar cuentas con los castores.

—Preparen todo para la inauguración, mañana mi gobierno y yo visitaremos la nueva presa. Y… ya hablaremos del cobro a su debido tiempo —dice Marianin riéndose por dentro.

Mientras, en la oscura cueva donde se refugian los carroñeros, el conejo Pedrito les lleva noticias de la inauguración:

—El gobierno va a llevarse todo el mérito sin merecerlo, tienen que estar allí para protestar por el gran gasto que ha supuesto la obra con la crisis tan fuerte que estamos padeciendo.

Alfredito el buitre se frota la calva con su ala derecha mientras se imagina llegando al poder, puede que sea su oportunidad y esta sea la gota que colme el vaso.

—Allí estaremos… es indignante semejante desfalco, este gobierno tiene los días contados.

A las diez de la mañana tanto gobierno como oposición se encuentran encima de la presa, Marianín lleva a cabo su discurso en un atril de madera preparado para la ocasión. Alfredito le corta con preguntas y reproches mientras la hiena Rosita ríe con sonido estridente. En la entrada a la presa un cartel con el enunciado <<solo políticos>> deja en las orillas del río a todo aquel que no posea ningún cargo político.

Miguelito se sumerge al fondo del torrente, bucea hasta debajo de la presa y con sus dientes de alabastro sube una soga. Sus camaradas le esperan en la superficie, han llamado a Rafa el elefante entorno al cual atan la enorme soga. Todos tiran de ella con fuerza y desplazan un tronco que hace la función de viga principal. La presa se desmorona creando un gran estruendo que resuena en toda la selva. El gobierno y la oposición son arrastrados por la corriente bajo la atenta mirada de los curiosos que observan en las orillas. Se agarran como pueden a los maderos que flotan en la superficie. Todos los oportunistas, carroñeros y corruptos de la selva son expulsados lejos de allí. Miguelito y sus amigos son aclamados por todos, han acabado con la clase política al completo que se lucraba a costa del trabajo de los demás.

En la selva desde ese día, cada uno es libre de ganarse la vida como quiera, ya no hay que pagar más impuestos, ya no se escucha la palabra corrupción, los animales que allí habitan son libres de cazar o comer los vegetales que quieran.

Solo existe una regla: vivir en libertad.